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Si su padre no hubiera movido este espejo, el nunca habría descubierto el secreto de su pequeña.

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El problema ocurre cuando, al llegar los doce años de la niña y, con ellos, la navidad, se descubre que Anthena tiene un bulto en la cabeza.

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Ella no sintió que fuera algo de lo que debiera preocuparse, hasta que se cayó en la cocina un día. Allí sus padres la llevan al médico y conocen el diagnóstico que les dan los doctores, el que dice que la pobre Anthena padece de cáncer en los huesos, con tan solo apenas sus doce años de vida.

De más está decir que esto presentó un fuerte shock para la familia de Anthena y aún más para ella misma. Tuvieron que hacerle una cirugía, de una duración de siete horas, para lograr extirparle el tumor que le crecía en la columna vertebral. Luego comienzan los tratamientos de rutina así como la pérdida de cabello.

El cáncer de Anthena.

Normalmente, según sus padres, ella era una niña muy activa que no dejaba ni un segundo para estar quieta. Cuando el cáncer llegó a ella, se encontraba totalmente débil, tanto que ni siquiera podía salir de la cama. Sus padres nunca dejaron de creer en su recuperación y trataban de no llorar por ella.

Su madre Caroline, dice lo siguiente: “Ella nunca perdía el optimismo para nada y siempre me pedía que no llorara. Nosotros sabíamos que el cáncer resulta ser muy agresivo siempre. Ella dio todo de sí y luchó con lo que pudo.” Pero ya para su treceavo cumpleaños, no pudó seguir luchando y murió a causa del cáncer.

Cuando, unos pocos días después, el padre de Anthena, Dean, comienza a arreglar y recoger las cosas del cuarto de su hija fallecida, encuentra un mensaje secreto escrito en la parte trasera del espejo. Su padre estaba atónito pero, cuando comenzó a leer las palabras que su hija había dejado, quedó con el corazón roto.

Estas fueron las palabras que leyó:

“La felicidad es algo que depende de nosotros mismos.

Quizás no se trate de encontrar un final feliz, sino de la historia que tenemos la oportunidad de vivir.

El sentido de la vida es hacer que nuestra vida tenga sentido.

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La diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario es muy pequeña.

La felicidad es un camino, no un destino.

Da las gracias todos los días.

Sé feliz, sé libre, cree en algo.

La vida está llena de subidas y bajadas; pero sin los malos momentos, los buenos no significarían nada.

Me gustaría ser esa niña que convierte un mal día en bueno; aquella que dices que ha cambiado tu vida.

Lucho conmigo misma.

Siento tu dolor.

Saben lo que he hecho pero no por lo que he tenido que pasar.

El amor es como el cristal: es precioso pero se rompe muy fácilmente.

Cada día es especial: saca lo mejor de él.

Mañana podrías tener una enfermedad, así que aprovecha al máximo cada día.

La vida solo es mala cuando tú la haces mala.

Si alguien te quiere, no te dejará ir; sin importar lo difícil que sea la situación.

Duele, pero no importa; ya estoy acostumbrada.

No me juzgues por lo que dejo que veas de mí… ¡No conoces la verdad!

En el amor no se trata de con quién te ves pasando el resto de tu vida, sino de aquella persona sin la que no te la puedes imaginar.

No hay motivos para llorar porque sé que tú estás a mi lado”.

Aquí vemos que, a pesar del dolor que ella sentía, nunca perdió el amor por vivir. Sin duda es un ejemplo para muchas personas que, estando sanas, no valoran lo que la vida les ha dado.

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