La locura de la mujer del gasolinero que encendía el monte gallego con velas aromáticas

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Eran casi las siete de la mañana y en Cerceda, 30 kilómetros al sur de A Coruña, el día había despuntado húmedo y los rayos del sol que filtraban las nubes presagiaban otra jornada de intenso bochorno. Ideal para los propósitos de Carmen.

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Por estas tierras del interior, plagadas de meigas, curanderos y leyendas, cuentan que cielos plomizos avivan la melancolía y hacen que la cabeza se trastorne. Y que por eso, antes que Prozac o cualquier otro químico, los médicos recetan como alivio ir en busca de la luz limpia del sur, más alegre y despejado.

Pero Carmen, fruto genuino de una tierra que maltrata sus bosques milenarios, había estado peligrosamente unida al terruño, al que en días pasados llegó a arrasar con un encendedor de bolsillo en el que figuraba toda una contradicción: “Amo Galicia”.

Aquel viernes, su último día en libertad hasta la fecha, Carmen acercó a su marido a la gasolinera en la que trabaja -José no tiene carné de conducir- y a continuación dedicó la mañana a su particular aquelarre de llamas. Llevaba munición de sobra: 13 velas y nueve mecheros, uno de ellos de cocina. Y un plan en su mente, supuestamente enfermiza, que cumpliría a rajatabla desde el inicio de sus frecuentes tours incendiarios por el municipio.

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En cada bosque de su ruta, al que se acercaba sola y al volante de su Golf, iba dejando candelas escondidas entre los matorrales secos. Hasta 15 incendios se le atribuyen. Y todos ellos provocados con velas. Las compraba aromáticas, en paquetes de 12, no había otras en la tienda, a un chino situado a escasos 50 metros de la gasolinera de su esposo.

“En ningún momento ella se vino abajo, ni nos dijo una palabra, aparentaba una frialdad extraña“, relata a Crónica un tanto sorprendido el guardia civil que llevó la investigación y consiguió pillar -en el instante mismo en que prendía fuego- a la pirómana de Cerceda. Eran las 7.20 de la mañana… Y todavía le quedaba munición. A su lado, sobre el asiento de su coche, llevaba otras cinco velas con las que pretendía, el viernes 12 de agosto, sembrar de llamas otros bosques cercanos.

Desde entonces, a leiteira (la lechera), como llaman los vecinos a Carmen García Grela por su pasado de ganadera, vive de manera provisional entre rejas. Más de 22 hectáreas de pinos y eucaliptos arrasados desde el 18 de julio le atribuye el juez, cuando el municipio coruñés comenzó a mudar en una espectacular pira. Quince de esas quemas llevarían la firma inequívoca de la mujer del gasolinero, 57 años, madre de tres hijos y abuela.

¿Por qué?

Hay que mirar bastante atrás, cuando sus vacas ya no daban leche rentable. “El negocio empezó a ir mal y tuvo que cerrar”, cuenta un allegado a la familia. Su hijo, Iván, empeoró. “Tenía un problema psicológico gordo desde que era adolescente, se volvió violento, era un infierno…”. Nuestro interlocutor deja entrever que desde aquello la mujer se volvió “sumamente conflictiva” para todos.

“En el pueblo tiene mala fama, no la quiere nadie, exceptuando sus hijos y su marido, el resto de la familia tampoco la puede ver. Hace cosas muy raras”. Como robar las flores de las lápidas del cementerio que después regalaba a otros vecinos. O llevarse a escondidas una empanada en una panadería. No lo hacía por necesidad. O, más grave si cabe, hacerse pasar supuestamente por una prima política y quedarse con su dinero en una sucursal, 6.000 euros, que sacaría en cuatro visitas. El banco reintegró la cantidad y el asunto no llegó al juzgado. “Son cosas de familia, ya sabe usted, la mala sangre…”, tercia una anciana del pueblo a la salida de una tienda.

“Vamos a pasarlo bien”

Una forma de ser que contrasta con la amabilidad y desparpajo que Carmen mostraba en la Fiesta del Cochinillo en Cerceda, celebrada el 30 de julio. “Vamos a comer, a pasarlo bien hasta no poder más… ¿Los hombres? Los hombres no saben cocinar y muchas mujeres tampoco. Hay que espabilarlos, vamos ahora mismo…”, se explayaba ella a gusto delante de las cámaras de la TV gallega.

Hacía sólo 12 días que su bautizo de fuego en el monte había comenzado a lo grande, y nadie diría al verla en televisión que detrás de aquella mujer de buen aspecto, alegre y atenta con todos latía la fuerza de la incendiaria más buscada de Galicia.

No fue casualidad que terminaran pillándola con las manos en el fuego. Día y noche, durante 15 días, la vigilaron discretamente. A oídos de los agentes había llegado alguna sospecha que señalaba a Carmen. “Hicimos un perfil lo más detallado posible del hipotético pirómano, o pirómana, y fuimos descartando información”, explica el trámite el guardia civil encargado de la búsqueda y captura de la persona que en pocos días había quemado adrede una extensión de monte equivalente a 22 campos de fútbol.

A la que fuera la lechera del pueblo, el juez le atribuye más de 22 hectáreas de pinos y eucaliptos arrasados

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Hasta que dieron con la tecla definitiva. Y estaba en la gasolinera. Los días que su marido trabajaba de tarde no había incendios. “Y cuando Carmen lo acercaba temprano a la gasolinera, esa mañana ardía el bosque”, describe con precisión el agente de paisano. Fue un detalle definitivo. La supuesta pirómana iba vestida con un mandil de cocina cuando la detuvieron prendiendo la que sería su última vela. Todo la inculpa. En su arsenal incendiario llevaba también una caja de cerillas y nueve mecheros, uno de ellos blanco y con escudo del Real Madrid grabado, y el inquietante (por la utilidad que le dio) “Amo Galicia” con fondo azul.

Carmen se arriesga a las penas más altas, de entre 10 y 20 años de cárcel, porque algunos de los focos los colocaba cerca de casas habitadas.

Hubo quienes al principio pensaron que detrás de los incendios de Cerceda se escondía un negocio ilícito de la madera. Pero a Carmen al parecer no le pesan los problemas económicos. Aunque no trabaja desde que dejó las vacas, en su casa entran tres sueldos, los de sus dos hijas, que hacen labores de limpieza para el ayuntamiento socialista de Cerceda, y el de su marido gasolinero. “Además tienen tierras y dos buenas casas”, apostilla una de sus vecinas.

¿Está Carmen García Grela, madre y abuela de una niña, trastornada? ¿Qué puede llevar a una persona adulta a destruir con fuego miles de árboles y quizás cientos de animales, poniendo además en riesgo la vida de la gente? ¿Estamos rodeados de pirómanos, a juzgar por 33.370 hectáreas quemadas hasta el 22 de agosto en toda España, 9.000 sólo en Galicia?

Un centenar de ‘Cármenes’

“No hay más de 100 personas en el país que sufran este trastorno”, según ha explicado el psicólogo clínico y profesor de la Universidad de Valencia José Gil-Martínez. “Muy pocos incendios forestales son provocados por pirómanos, es menos del 1%”.

De acuerdo con Gil-Martínez y otros expertos, en el momento de la quema el delincuente se encuentra en estado de “conciencia alterada, como de trance”. Aunque con matices: “Los pirómanos son conscientes de lo que hacen”, y no dan importancia a los daños, personales o materiales, que su conducta ocasiona. “Una vez que han provocado el fuego pueden experimentar cierta sensación de liberación y bienestar. Como si de pronto quedaran eclipsados”, concluye el doctor.

Tal vez sea esa sensación placentera, de bienestar, la que les lleva a una conducta repetitiva de provocar las quemas, sin motivo aparente, por una atracción desmedida hacia el fuego.

Los psiquiatras creen necesario distinguir la piromanía en sentido estricto de los comportamientos incendiarios de personas con enfermedad mental, como esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión, y de las conductas pirómanas de sujetos con trastorno antisocial de personalidad, en los que prima sobre todo “el afán de destruir y el sentimiento de omnipotencia asociado”.

La mezcla de espectacularidad y satisfacción que provoca el fuego no ha actuado, sin embargo, en favor del aumento de pirómanos. Al revés. Su número no ha disminuido, según las cifras. De los 429 detenidos e imputados en 2015, se ha pasado a 222 detenciones o imputaciones por incendios forestales, según datos de la Fiscalía de Medio Ambiente, que daba a conocer EL MUNDO el 20 de agosto. Sólo en junio se abrieron diligencias contra 57 personas, tres fueron detenidas y 54 resultaron imputadas.

“Al meterla en el coche para ir al cuartel, se puso arisca, sabía que todo había terminado”, dice el agente

Por comunidades autónomas, Andalucía es la que más detenciones o imputaciones ha registrado (68), seguida de Galicia (37), Asturias (31) y la Comunidad Valenciana (26). Por contra, en regiones como Madrid, Cantabria o La Rioja no se han abierto diligencias por incendios forestales.

“Hasta que se llega a la completa seguridad de que tal persona es efectivamente la responsable de haber quemado un bosque, hay un largo y complicado camino“, explica un cabo de la Benemérita de Ordes, a 13 kilómetros de la casa donde vivía la incendiaria Carmen. “Nosotros, en este caso, teníamos más que sospechas, sabíamos quién era, pero necesitábamos la prueba. Y conseguirla nos costó horas interminables en vela, incluso de noche. Porque la teníamos ahí, muy cerca…”, se enorgullece tras dar con el objetivo.

Cazar in fraganti a un pirómano no es nada fácil. Carmen, de hecho, jugaba con cierta ventaja. Conocía a la perfección los atajos que llevan a los montes y a sus dueños. Los que ella quemaba eran sobre todo de particulares. Por eso llegaron a barajar que podría tratarse de un ajuste de cuentas, un móvil nada infrecuente en el rural gallego, donde las disputas suelen ir más allá de las palabras. Nada de eso hubo.

La mala sangre, que decía la vecina, Carmen la soltaba cara a cara, bien con los vecinos o con los clanes de O Prado y los García Fraga, los familiares con los que mantiene las mayores disputas.

“Al pedirle que se metiera en coche para llevarla al cuartel, se puso arisca, sabía que todo había terminado para ella”, dice nuestro agente. ¿Tiene alguna explicación de por qué lo hizo? “Los motivos mentales no son cosa nuestra, lo nuestro son los delitos”. Y Carmen los tiene…

Ha sembrado el bosque de llamas con un mechero de un euro que pregona: “Amo Galicia“.

Fuente: elmundo

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